martes, 1 de septiembre de 2009

Julio Herrrera y Obes y Paysandú: La pensión del horror (Segunda Parte)

El tiempo; el día que me instalé en el que sería mi nuevo hogar- La Pensión del Horror - se presentaba lúgubre y lluvioso.

Esta circunstancia climática no desentonaba en manera alguna, con el lugar que sería mi habitab natural por un excesivo período de tiempo.

La fachada gris, agujereada y destrozada de la casa; los cuidacoches ebrios sentados contra la enorme puerta de entrada; el bar de la esquina infectado de moscas con su dueño parado afuera escarbadientes en mano; y el bolichón planchún de enfrente; corroboraban mi teoría de que iba a vivir en un sitio horrible.

El tiempo no me daría la razón...era realmente espantosa la cueva y la definición de horrible quedaría corta.

¿Qué motivo me decidió - aparte de mi magra economía - a vivir en dicha infamia?

Ninguno…

Los 1200 pesos por mes que costaba un cuarto - agua y luz incluidos - eran factores más que suficientes para terminar allí; yá que carecía en ese momento de cualquier tipo de empleo remunerado.

Me acerqué a la entrada principal pidiendo permiso a los cuidacoches; quienes a cambio de darme paso; se dirigieron a mí con la gastada frase: “flaco; sale una chapa pal vino?”.

Tras darles 5 pesos por el favor - cifra que consideré justa ya que no poseía en ese momento vehículo alguno a mi nombre- toqué el timbre.

Luego de transcurridos algunos minutos; consecuencia del largo recorrido de la empinada escalera; abre la puerta un flaco de pantalón ajustado al cuerpo, torso desnudo; ojos enfundados en lentes verdes clarito y con la voz más dulce que escuche en un hombre jamás; me pregunta: ¿Ziiiiii que deseás lindo?

- Puta carajo pensé; y este quién es??

Aclaro que no me considero homófobo ni nada que se le parezca.

Creo que soy un tipo con la cabeza abierta para aceptar que cada cual haga de su culo un pito y si le gusta jugar con sus semejantes en noches tórridas de verano chapoteando en el mar; lo hagan con placer y libertad.

Pero creo -viendo la situación en retrospectiva- que no fué un buen comienzo.

- Hola que tal – contesté- mi nombre es Sebastián. Vengo por el cuarto que estaba en alquiler; no sé si fué contigo que hablé para reservarlo?

"No; no hablaste conmigo pichón; fué con José Luis; mi amigo. La verdad que me había olvidado que venías pero pasá pasá; estaba durmiendo la siesta justo con mi novio; vos sos el chico de la 9 claro".

Dicho esto; me invito a entrar en la pensión.

Luego de un instante de duda - y de una fugaz mirada a ambos lados de la calle - seguí tras sus pasos subiendo la escalera; que sin saberlo aún; me llevaría a la locura.

Continuará…

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