jueves, 16 de diciembre de 2010

Arnold: El oblicuo

Arnold se caracterizó en su vida por la no toma de decisiones. A tal extremo llevó esta postura, que aún recuerda con un poco de tristeza - ya que no la amaba realmente pero ella pagaba el alquiler- el episodio en el cual dejó a su señora daltónica cruzar la calle sin avisarle que estaba la roja.
En su mas tierna infancia yá se manifestaban indicios de lo que sería su conducta a través de los años. Pelotas que rodaban por calles con pendientes hasta perderse por no ir tras ellas; bicicletas pinchadas que quedaban detenidas por siempre en el lugar donde tuvieron su último recorrido; amiguitos que lo invitaban a una merienda lluvia y al no saber que llevar no iba; eran solo algunas manifestaciones de su enfermedad a temprana edad.
Sus verdaderos problemas comienzan realmente en la adolescencia, cuando ante la duda de si ir a los quilombos y debutar o esperar a que su novia de 14 diera el primer paso no se decide por ninguna de las dos opciones y termina dándole a manuela hasta los 22 años.
A esta edad tiene la mala suerte de tener su primer relación con la mujer de su hermano - que andaba cruzada con su marido ese día y decide vengarse embriagando a Arnold con caña - la cual queda embarazada al romperse el condón.
Aclaremos que Arnold zafa del guri debido a que su cuñada decide tenerlo y decirle a su esposo que es su propio hijo, estrategia que da sus frutos debido al parecido de ambos hermanos  y que el padrastro nombra a Arnold padrino de su vástago.
Pasados los años el casamiento llega a su vida con la infortunada daltónica quien lo subyuga mediante apareamiento constante, lágrimas, súplicas, el pago de la renta de ella y un trabajo de años de el mal remunerado.
El accidente de su señora a los 6 meses de la boda lo salva por un tiempo de seguir tomando las riendas de su vida, pero su situación laboral lo atormenta.
Levantarse, tomar el ómnibus, marcar tarjeta, realizar las tareas, marcar tarjeta, tomar el ómnibus y volver a su hogar eran sucesos tediosos que le provocaban constantes cavilaciones que exigían un esfuerzo mental que no podía soportar.
Por lo que por primera vez decide tomar el toro por las astas.
Se alista en el ejército nacional - su verdadera vocación - sin saber que su única decisión lo llevaría a hurgar los basureros de Uruguay por el resto de sus días debido al paro de ADEOM.