sábado, 9 de abril de 2011

Como ser de clase pobre y bajar un escalón a indigente

Silvio se dió cuenta que estaba tocando fondo en el mes de abril; cuando yá terminada la guita del seguro de paro de 6 meses y del despido, no pudo pagar las galletitas Dog Chaw de su rotwailler, viéndose obligado a regalarlo a la vieja que vivia al lado.
Si bien el se consideraba una persona jóven de 40 años - tomando como referencia una expectativa de vida de 80 - sus empleadores del Banco, en donde desempeñaba funciones desde hacia 15 años, tenían otra idea al respecto, y sin mucho trámite 1 año antes, prescindieron de su juventud y tras una charla animada lo invitaron a retirarse de la empresa por tiempo indeterminado.
Básicamente se le complicó el reingreso al mercado laboral debido a sus pocos contactos empresariales puesto que su función en la financiera era la de  guardia dentro de una de las casillas herméticas con mirilla  que se encuentran en la entrada a la izquierda.
Su rol en la institución  motivó  que nadie se acordara bien de el, yá que de las 8 horas de trabajo, pasaba 7:30 en promedio - quitando las idas al baño para hacer sus necesidades -  allí dentro debido a  que el sueldo no le daba para comer afuera en la media hora libre, por lo cual llevaba la vianda al diminuto cubículo donde era despachada.
Los indicadores macroeconómicos del gobierno respecto a la inflacion anual menor a 1 dígito porcentual así como la tasa de desempleo con registros históricos por debajo del 7 %, no cambiaron el hecho que Silvio y familia pasaran del arroz Blue Patna a la polenta Puritas y que el tinto de tres cuartos se viera sustituido por el tetra Santa Teresa y se adoptara la opción de fumar mas sano con hojillas armadas con Peruano.
No todo estaba perdido sin embargo.
Algo positivo de su trabajo anterior es que le quedaba cerca; por lo cual empezó a trazar planes mentales para el tunel de tres cuadras que le insumiría 6 meses construir.
Bajo la fachada de trabajador independiente con caballo y  carro adquirido gracias a un prestamo de Consorcio que le permitía sobrevivir cartoneando, evitó las habladurías de sus vecinos, que lo catalogaban yá cómo un parásito de la sociedad que muy probablemente vivía del Plan de Emergencia en el mejor de los casos o robando garrafas en el barrio.
Las tareas de remodelación del patio del fondo comenzaron en Mayo , un lunes a primera hora de la mañana.
Bajo la atenta mirada del caballo , sus tres hijos y su señora embarazada de 6 meses que le cebaba el mate, agarró la pala y empezó a cavar.
Continuará..