La primera impresión - que no siempre es la más acertada para guiarse por ella en esta vida - me causó tal desagrado; que atiné en ese momento a retroceder en forma inconsciente.
El arquitecto que construyó esta casa demencial; obviamente siguió la carrera sólo por el viaje de 6 meses a Europa que le permitiría alejarse por un tiempo de alguna institución psiquiátrica que lo mantendría retenido.
Si es que tal viaje existía hace 150 años; que parecía ser a vuelo de pájaro: la edad de la casa.
9 cuartos de formas irregulares - y sin sentido de las distancias entre sí - rodeaban el patio.
Una cúpula de vidrio sobre nosotros - de la cual helechos y otras plantas descendían arrastrándose por las paredes - dejaba entrar la lluvia del exterior; formando un enorme charco en el que casi me resbalo y desnuco al dar mis primeros pasos en la tétrica morada.
El único baño estaba situado en una esquina de este complejo edificio y ocupaba algo así cómo la mitad del tamaño que uno más o menos imagina que debe tener tal sitio para poder hacer sus necesidades sentado.
El duchero con unos alambres pelados que presumiblemente calentarían el agua para bañarse - más adelante veremos que no cumplían dicha función- no presentaba cortina alguna; el wáter sin tapa cuyo fondo…bueno mejor no describirlo; la ausencia de bidet y de espejo alguno para afeitarse y la puerta sin tranca; formaban un conjunto siniestro y metían un asquete que ni les cuento.
La cocina - integrada al resto de este caos; ya qué no poseía ningún tipo de separación- tenía como mobiliario una heladera semi podrida color verde y una cocina que por su apariencia externa -si es que en algún momento funcionó – podía haber perfectamente servido las mesas de comensales que vivieron allí durante La Guerra Grande.
Para rematar este espectáculo visual; por el costado de la cocina subía una escalera derruida de madera que llevaba a dos lugares; el lavarropas y la azotea.
El lavarropas se encontraba en un cuartucho pestilente y disponía de un mecanismo de ingeniería complejo de mangueras para efectuar el lavado de forma más o menos automática.
El cuartucho - a pesar de no ser creado para tal fin y "carecer de lo que lleva un baño adentro más allá de un balde ubicado en una esquina" - más adelante sería usado como "baño número 2" al romperse frecuentemente la cisterna de el de abajo.
He tenido pesadillas con las cosas que me ví obligado a hacer allí en los años que viví en La Pensión del Horror...ya que no tenía puerta.
La azotea, era un espacio enorme y selvático en el cual coexistían: un tanque conteniendo agua verde con miles de parásitos jurásicos dentro, y el lavarropas manual, usado frecuentemente, debido a que la ingeniería del otro fallaba dos por tres.
A la vista de todo este caos, tuve un colapso nervioso y me vi obligado a salir de la casa por unos instantes para tomar aire. No sin antes cruzarme con una canilla común y corriente dispuesta entre dos habitaciones – que de aquí en adelante sería muy útil ya que era la única que daba agua potable - y el tablero de corriente con tapones casi quemados - situado al borde de la escalera que llevaba a la salida - que tantos problemas daría...
Continuará…
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