lunes, 19 de septiembre de 2011

Evaristo

Evaristo no pensó que eso le podía estar sucediendo hasta que se percató que el segundo paracaidas tampoco abría en su primer salto sin el instructor.
"Para que le habré hecho caso a mi amigo" - se preguntó entonces - mientras caía desde 6000 metros a 220 km/h.
Lo negativo de esta experiencia era que en un par de minutos sería un cadaver , lo positivo para algunas personas es que iba a ser una cadaver con onda, aunque a él eso ya no le importaría mucho.
Siempre consideró a la generación de músicos muertos con 27 años, personajes con magia pero medios pelotudos y en su caso no había cumplido 25 aún.
A pesar de las circunstancias, Evaristo no podía dejar de pensar en lo tragicómico de la situación yá que su amigo en su vida se había subido siquiera a un avión y así y todo lo había convencido de que sería esta una experiencia maravillosa para él por su forma alocada de vivir la vida, la cual consisitía en trabajar 8 horas de lunes a viernes, embriagarse los sábados y viajar a Florianopolis una vez por año en semana de turismo con otros amigos.
Juan siempre le daba folletos de buceo, alpinismo, incluso había depositado en sus manos aquel de color rojo sangre con técnicas para preparar de forma correcta el pescado ese crudo que comen los chinos y evitar morir envenenado.
Todo aquello que Juan consideraba digno de vivir y no se animaba lo transfería a él  via oral o escrita y si bien nunca le dió pelota a ninguno de sus lances aventureros, esa noche pudo más la curiosidad.
"Curso de paracaidismo. Sentite un pájaro" citaba el panfleto en cuestión con una foto de un flaco con expresión de júbilo a punto de tirarse al vacio. Sencillo y efectivo.
Al tomarlo de las manos de Juan y escuchar a este decir "es esto lo que necesitas", Evaristo sintió  una excitación extraña, distinta a las veces anteriores.
"Por que no?" - se preguntó - "volar debe ser algo increible".
Dos meses despues y luego de varios saltos con el profesor se encontraba en este momento con el dílema de volar en serio pero sin alas de ningún tipo.
Solo un pensamiento vino a su mente a metros del final, "y si hubiera pagado el de buceo?"











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