Infancia
De chico no podía estar quieto en una silla.
Hiperactividad crónica - escribía la maestra Teresita en el carnet escolar - es lo que tiene este niño.
No me gustó la forma en la cual se refería Teresita a mi gusto por estar parado. Este suceso me llevó un día a quedarme sentado arriba de una rama del roble de la escuela durante dos dias sin emitir sonido alguno hasta que a uno de los policías que me estaba buscando por el barrio se le ocurrió ir a mear el tronco y me vió.
Luego de la reprimenda de la autoridad policial, escolar y familiar pasé dos semanas sin salir ni a jugar a la mancha con los vecinos de enfrente encerrado bajo la atenta y firme mirada de mi vieja.
Me dediqué a hojear libros viejos de mi padre entre los cuales uno llamó especialmente mi atención.
Un viejo fascículo de la historia artiguista.
Inmediatamente me sentí atraido por los atuendos y experiencias de vida de los blandengues, así como sus aportes a la patria que página tras página adornaban mi imaginación.
Siendo como era - un espiritu inquieto - me sentí identificado con estos personajes de nuestro pasado que indómitos surcaban nuestra banda Oriental en sus briosos corceles combatiendo al enemigo infatigablemente.
Al mismo tiempo no podía dejar de pensar haber yá visto en alguna parte personas con dichas vestimentas...pero en donde... donde?
Por qué al mismo tiempo que descubría mi vocación a tan temprana edad, una sombra se cernía en mis pensamientos?
Continuará...
Fruto de una gripe que me privó de la noche de la nostalgia y un fin de semana largo; mutando entre cuatro paredes y el techo; perdiendo la noción de lo que es laburar y relacionarse con el prójimo; me encuentro abocado en llenar un nicho vacio en nuestra literatura nacional. Aunque para serles sinceros; la idea de esto cuando me mejore; es formar un club de swingers con los que vayan entrando.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario